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The Great American Novel (2002)

The Great American Novel (2002)

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3.67 of 5 Votes: 3
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ISBN
3499223112 (ISBN13: 9783499223112)
Language
English
Publisher
rowohlt tb.

About book The Great American Novel (2002)

Publicada en http://lecturaylocura.com/la-gran-nov...La gran novela americana de Philip Roth. El béisbol como catalizador del mitoCada cierto tiempo es bueno recordar lo útil que es el texto que hice sobre el mito de la Gran Novela Americana a propósito del Libertad de Franzen y El gran Gatsby de Fitzgerald; allí hablaba, entre otras cosas, del momento (1868) en que dicho término fue acuñado por John William De Forest y el verdadero alcance del mismo, más allá de superficialidades aplicadas hoy en día en cuanto a tamaño o simple calidad:“But the Great American Novel–the picture of the ordinary emotions and manners of American existence–the American “Newcomes” or “Miserables” will, we suppose, be possible earlier. “Is it time?” the benighted people in the earthen jars or commonplace life are asking. And with no intention of being disagreeable, but rather with sympathetic sorrow, we answer, “Wait.” At least we fear that such ought to be our answer. This task of painting the American soul within the framework of a novel has seldom been attempted, and has never been accomplished further than very partially– in the production of a few outlines.”Para De Forest la clave estaba en que tenía que ser “la imagen de las maneras y emociones ordinarias de la existencia del pueblo americano” (“the picture of the ordinary emotions and manners of American existence”), es decir, “pintar el espíritu americano dentro de una novela” (“this task of painting the american soul within the framework of a novel”). Teniendo en cuenta lo anterior, vamos con Philiph Roth, que en 1973 decidió escribir una novela llamada La gran novela americana, con una intencionalidad clara en cuanto a conocimiento del mito y con una subversión manifiesta en cuanto a la forma de presentar el “espíritu americano” y “las maneras y emociones ordinarias del pueblo americano”; se puede ver claramente en dos textos, en el primero de ellos dándole la importancia que se merece el béisbol, ese desconocido que despierta la pasión de los americanos: “Además, era imposible comunicar la esencia del juego con palabras, ya fueran escritas o habladas, ni siquiera con palabras tan poéticas e inspiradas como las que solía pronunciar Míster Fairsmith. Como decía el general, la belleza y el sentido del béisbol residían en la inalterable geometría del diamante y en el reto que esta comportaba para la habilidad, la fuerza y el sentido de la oportunidad de los jugadores. El béisbol era un juego que se veía de manera distinta desde cada uno de los asientos del estadio, y por consiguiente jamás podría representarse adecuadamente a menos que alguien fuera capaz de reunir en una única imagen lo que todos y cada uno de los espectadores presentes en el estadio veían a cada momento […]” Para, a continuación, identificar el béisbol con toda una nación: el nexo que los une a todos. Por lo tanto, en palabras de Roth, el béisbol estaría indefectiblemente unido al sueño americano: “¿Qué le dice un americano a otro para entablar conversación en el tranvía, en el tren, en el autobús: “¿Di, puedes ver, con la primera luz de la aurora…?”, ¡No! Le dice: “Eh, ¿qué han hecho hoy los Tycoons?”. Le dice: “Eh, ¿Mazda ha marcado jonrón?”. Dime Roland, ¿sabes ya qué es lo que hermana a millones y millones de americanos, lo que convierte a los rivales en aliados, a los extraños en vecinos, a los enemigos en amigos? ¡El béisbol! Y Así es como se proponen destruir América, jovencito, ese es su malvado e ingenioso plan: ¡destruir nuestro deporte nacional!-Pero… ¿cómo? ¿Cómo pretenden lograr algo así?-¡Convirtiéndolo en un espectáculo ridículo! ¡Haciendo que la gente se ría de él! ¡Quieren que nos riamos hasta morir!”El final del sueño americano, o la debacle de dicho sueño sería representar dicho deporte no por sus heroicidades sino más bien desde su faceta más ridícula; eso es lo que hace Roth, ya que toma el equipo más inútil de una de las ligas de béisbol, y lo utiliza para representar las costumbres del pueblo americano mediante una sátira continua y desternillante del deporte y, por extensión, de la sociedad americana.Para ello escoge como narrador a Word Smith, Smitty, un periodista que será el que relatará las vicisitudes de la liga de béisbol y, en particular de los Mundys, el equipo en cuestión. Adoptará la primera persona de este periodista en el prólogo y en el epílogo, el prólogo le sirve para encuadrar la novela en la tradición, en esa Gran Novela Americana comentada anteriormente:“Con esta prosa de segunda infancia no me dejarían ni entrar en secundaria, ¿cómo, pues, van a darme el Pulitzer? En fin, ni el monte Rushmore se labró en un día ni la Gran Novela Americana se escribirá sin sufrimiento. Además, empieza a pensar que quizá el dolor le hace bien al estilo: cuando escribir una letra como la z minúscula se convierte en algo tan tedioso y traicionero como un trayecto de montaña donde a cada curva de herradura hay que girar para no despeñarse al abismo, uno tiende a ahorrarse las palabras con z.”De hecho, no duda, por si no lo teníamos claro, en establecer paralelismos con el Moby Dick de Melville o con el Huckleberry Finn de Twain; un verdadero prodigio que le sirve tanto para asentar la base en cuanto a tradición novelística como para realizar un pequeño resumen de la historia que se va a contar:“Estudiantes de L. y fanáticos, la historia que me he propuesto contaros –prefigurada en las andanzas de Huckleberry Finn y el negro Jim, así como en las aventuras y el ostracismo de Hester Prynne, la paria de los puritanos- es la de los en tiempos poderosos Mundys, la de cómo fueron expulsados de su estudio local en Port Ruppert, la del humillante año que pasaron en la carretera y la de la vergonzosa catástrofe que acabó con ellos (y conmigo) para siempre. Poco se imaginaban los otros siete equipos de la liga –poco nos lo imaginábamos todos, incluido el menda- que el aparentemente cómico infortunio de los Mundys constituía el preludio de nuestro común olvido. Mas esa, fanáticos, es la tiránica ley de nuestras vidas: hoy, la euforia; mañana, el torbellino.”Esta forma de contarlo es lo que utilizará en cada comienzo de los siguientes capítulos, a modo de resumen, adoptando un narrador omnisciente y que entronca directamente con la forma de narrar de la época victoriana, llama la atención su intención de hacer una novela moderna, contemporánea, encuadrada en la tradición más antigua, del inicio de lo que podríamos llamar la Gran Novela Americana:“Donde se narra cuanto es preciso sobre la historia de la Liga Patriota para que el lector se familiarice con su precaria condición a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Del carácter del general Oakhart, soldado, patriota y presidente de la Liga. De su gran apego a las reglas del juego. De sus ambiciones. A modo de contraste, del carácter del pícher Gil Gamesh, el debutante más sensacional de todos los tiempos. De su actitud hacia la autoridad y la humanidad en general. De la sabiduría y los sufrimientos de Bocazas Masterson, el umpire que se cruzó en su camino. De Cómo Gil Gamesh fue expulsado del béisbol por vulnerar la ley.[…]”A partir de ahí, cada capítulo es una recopilación de los hechos que les suceden a los Mundys, la liga de béisbol y todo lo que se relaciona con ellos. Los Mundys son un equipo de perdedores, de inadaptados, con miembros amputados, aquellos que no han podido ir a la guerra por sus diversas taras y que van desde Mike Rama que se estrella contra las paredes en cada partido:“[…] La afición, por supuesto, se sentía profundamente conmovida al ver cómo aquel joven brillante anteponía la victoria a su propia integridad. Cada vez que en el estadio resonaba el pataplum, el corazón se les encogía: ¿se había matado esta vez? Y lo más importante, ¿se le habría caído la pelota? Milagrosamente, la respuesta siempre era negativa. “Hasta Buddy, el inadaptado de color que se presenta como un gran fichaje y que le sirve para hacer una broma sobre su hombría:“A causa de la lluvia de flashes que acompañó el contacto de la yema del dedo de Doblona con la carne de Buddy, el efecto de su gesto sobre el antiguo jugador de los Mundys no se hizo perceptible de manera inmediata, pero cuando por fin los presentes recuperaron la vista resultó evidente que en los pantalones nuevos de franela de Buddy asomaba un bulto de considerables proporciones.-Cáspita –dijeron los reporteros entre risas.Mazuma, que siempre tenía alguna ocurrencia a punto, dijo:-Caballeros, si quieren les digo qué es lo que no le falta a mi nuevo jardinero derecho.”De fondo, la guerra fría, los dobles agentes, los espías, el balanceo entre la posibilidad del comunismo y lo que le puede hacer mal al mundo:“-En mil novecientos treinta y ocho me mandaron ir a Moscú, el mayor honor que podía concedérsele a un joven agente comunista. Ahí me matriculé en el Centro de la Unión leninista de Espías y Técnicos en Sabotaje, conocido popularmente como el Culetes.-Gamesh, ¡esperas que me crea que ese es el nombre de una escuela de Moscú? –preguntó el escéptico general.-General, los comunistas no sienten más que desdén por la decencia y la dignidad humanas. La irreverencia y la blasfemia son su negocio, y saben cómo practicarlo.”Y el capitalismo como verdadero destructor del sueño americano:“Oakhart: Sí, es ridículo, pero ¿y si aun así es verdad? ¿Y si acaban destruyendo el béisbol desde dentro?Smitty: Cuando eso ocurra, querido general, será un día muy triste, pero no será por culpa del comunismo ateo y materialista.Oakhart: ¿De quién entonces?Smitty: ¿De quién? ¡Del capitalismo ateo y materialista, he aquí de quién! Pero, claro, eso es solo una opinión personal, general, la de un tipo llamado Smith.”Pero, al final, para Roth, es el pueblo americano el que sufre, no son los héroes los que representan el sueño americano, sino los que luchan en el día a día:“¿Qué pasa con el resto de nosotros, campeón? ¿Qué pasa con los desgraciados, por ejemplo? ¿Qué pasa con los débiles y los humildes y los desesperados y los cobardes y los que no tienen, por decir los primeros que me vienen a la cabeza? ¿Qué pasa con los perdedores? ¿Qué pasa con los fracasados? ¿Qué pasa con los parias de la tierra, que, por si no lo sabías, conforman el noventa por ciento de la raza humana? ¿Ellos no tienen sueños, Agni? ¿No tienen esperanzas? ¿Quién os ha dicho a los campeones como tú que el mundo es vuestro? […] Déjame que te diga una cosa, Adonis americano: a los hijoputas rubitos se os ha pasado la hora. Se acabó, Agni. Ya no aceptamos vuestras reglas, ¡ahora jugamos con las nuestras! ¡La Revolución ha empezado! ¡A partir de ahora los Mundys son la raza suprema!”Ha llegado tarde, pero ha llegado para quedarse, la última novela que nos quedaba del gran Philip Roth.Los textos provienen de la traducción de David Paradela López de La gran novela americana de Philip Roth para la editorial Contra.

The following review is from my Books That Matter blog. Please feel free to comment, or to check out the blog for other reviews!Although it seems like I travel often enough, my trips of the past couple of years have been mostly for conferences, book festivals and other events where I read from Dakota, Or What’s a Heaven For, gamely hoping to connect with new readers. Over the holidays, however, my partner and I took a “vacation,” that is, we traveled for the purpose of being purposeless, which is, I think, a very lucky and healthy thing to do. Part of the pleasure of the vacation had to do with reading new books (new to me), instead of re-reading books to teach, But there was one hitch. I had to finish Philip Roth’s 1975 The Great American Novel before the fun could begin. I hadn’t read a Roth novel since the 1970s and I wasn’t looking forward to reading any more, but a student in my Moby Dick and Intertextuality course this past semester had informed me that he was referring to the Roth novel in his final paper, so I sighed and read and sighed some more. As it turned out, my student was only referring to the novel’s prologue, but, suffering from a bad case of dutiful thoroughness, I was determined to finish this “slapstick comedy.” I read the last page as our plane touched down and I gratefully tossed the novel in the first trash bin there.My partner was horrified that I was not recycling, but I did not want to run the risk of some unsuspecting reader picking the book up and thinking it was “literature.” It isn’t. It’s Roth at his most puerile and misogynistic. Perhaps someone reading this blog will say that I just don’t get Roth’s humor.Correct.

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Lets start by making it clear that it helps if you like baseball before you read this one. Furthermore, it helps if you have a little understanding of the history of America's Pastime too. Unusually for a Brit, I qualify on both counts! I love baseball and I know a little bit about it too. Not as much as Smitty "Word" Smith however. He is the narrator who follows and chronicles the woes of the fictional Ruppert Mundays during the first year of America's involvement in World War II, when many of the games great players were away in the army, but the show must go on!To say that this is a broad farce is like saying that the Pacific is a wide ocean. Roth is more than happy to "turn it up to eleven" like Nigel Tufnel from Spinal Tap, but with this one he turns the dial all the way around on itself. The Mundays and their motley crew of replacement players suffer pretty much every indignity imaginable on and off the diamond as they become the pawn of the authorities and the laughing stock of the fans. They travel in exodus across the country (they cant play at home because their stadium is being used in the war effort) losing by cricket scores and bringing the very game itself into disrepute by fielding a bunch of ballplayers even more hapless than this year's Seattle Mariners. Their line up at various times includes, amongst others, a midget, a paraplegic and a murderer. I first read this when I was in my mid 20s and was just getting into baseball and I found it hilarious throughout. I started to re-read it in my early 30s as I had such fond memories of it, but if truth be told I found myself skipping parts that second time as the balls seemed to outnumber the strikes. If you can get through the outrageous alliterations that pepper the prologue then you will probably persist, although you may want a few pit stops along the way. If not, then you might be better off picking up a copy of American Pastoral, which is a very different type of novel that Roth writes so well.
—Perry Whitford

Hilarous. Almost as much fun as Roth's satiric spoof of Richard Nixon, Our Gang. Titled The Great American Novel because it spoofs what are historically the two "Great American Pastimes": baseball and anti-communism. Don't need to know that much about baseball to enjoy that aspect (personally can't stand the game but still had a blast with the exploits of the fictional Patriot League and it's "homeless" team, the Ruppert Mundy's) but it would help to know something of McCarthyism and the House UnAmerican Affairs Committee to appreciate the rest. Totally ludicrous and I mean that as a compliment.
—David Anderson

"The Great American Novel" is not the Great American Novel. Oh, it takes its swings and occasionally hits a long one, but at the end of the game it is like a misplayed fungo. The metaphor-laden previous sentence illustrates the potential problem for a lot of readers. The novel is so soaked in baseball that it might be only baseball lovers or readers that can handle a lot of digressions.Which is what Great American Novels do. They digress. The Adventures of Huckleberry Finn - endless river rafting. Moby-Dick - endless cetacean canoodling. The Scarlet Letter - endless pious preaching and custom-house craziness. What is all this diversion and digression leading to? My opinion is that the Great American Novels dig into a certain subject to sidle into their Big Point - which is that America is Batshit Weird. And what else is batshit weird than filling a book with obsessive whaling, slavery and the South in the eyes of a runaway, and Puritan banishment? So why not baseball's history and its players?Roth uses baseball and many allusions to its history to illustrate the many Batshit Weirdnesses of America. The war between Capitol and Labor, The Depression and our uniquely American reaction to it, Anti-Communism (the Mad King George of Batshit Weird), Racial Hatred, and American Exceptionalism - the belief that America is a Shining City upon a Hill, rather than a crazy quilt cacophony of US vs. THEM. Roth somehow takes on all these Sacred Downer Cows and makes a hilarious novel out of it, all with Baseball.
—Jim Leckband

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